—Ni la creo ni la desmiento. Cosas muy raras pasan en el mundo. ¡Oh, yo he visto tanto!...

—¿Y la gente de aquí cree eso?

—Como el Evangelio lo creen todos. No se habla de otra cosa en Ficóbriga.

—¡Qué horrible estupidéz! Pero tú no lo creerás.

—No señor, no, no lo creo—afirmó Caifás después de un instante de duda.—La señorita es un ángel del cielo, lo digo y lo repito.

—Muy bien, amigo mío, muy bien. Puedes decir y repetir otra cosa, y es que la señorita saldrá de su desdichada situación y será felíz.

—Eso no...

—¿Por qué?

—Porque es buena cristiana, y usted...

—¿Y yo qué?