—Pero yo me hallo en circunstancias excepcionales—dijo Gloria defendiéndose angustiadamente.—Yo soy madre.

Había en su exclamación el ahogado gemido del que en sueños lucha con un mónstruo sin poderlo vencer.

—¡Eres madre!—repuso Serafinita moviendo la cabeza en señal de que esperaba tal argumento.—Sí; pero ¿de qué modo? ¿Qué leyes divinas ó humanas han presidido á tu estado? Gloria, Gloria, por amor de Jesucristo, empapa tu alma en mis ideas. No hables de maternidad. Pues qué ¿á una mujer casada, á una mujer coronada con esa guirnalda divina de los hijos legítimamente habidos y recibidos con júbilo por la Iglesia y la sociedad; á una mujer de estas me atrevería yo á decirle: «deja á tus hijos, renuncia á los afectos terrenos, niégate á tí misma, no te ocupes más que en la meditación, en la abstinencia, en el amor único y exclusivo de las cosas santas?» ¿Me crees loca? Esto sería un absurdo, una falta de caridad, una aberración del sentimiento religioso. Pero á tí, que has caído en la ignominia, á tí que no te hallas atada á ningún varón por los lazos del Sacramento, á tí que has sido madre por el crimen y tu escandaloso y sacrílego amor, te digo, sí, te digo mil veces: «Renuncia á tu hijo, no por dureza de sentimientos, sino por penitencia; no como desnaturalización, sino como castigo. Has cometido grandísima falta, has ofendido á tu Dios. Pues ofrécele el único deleite que existe en tu corazón, el cariño maternal... ¿Ese cariño te sirve de consuelo? Pues no tienes derecho á consuelo ninguno... ¿Quieres ser redimida? Pues no hay redención sin pasión, sin cruz... ¿Adoras á ese niño infelíz que no debió haber nacido? Pues sacrifica á Dios este sentimiento... Necesitas irremisiblemente una cruz, pero una cruz pesada, porque tu culpa ha sido enorme. Pues bien, toma esa que tu mismo Dios te propone, tómala y anda con ella... La maternidad podría hacerte felíz, y tú, si quieres salvarte, no debes ser felíz de ningún modo. Si para tí no debe haber ya más que dolores, ¿por qué te apegas á los goces? Mientras más noble es el sentimiento que te deleita, más grande será el mérito de tu sacrificio, porque se ha dicho: «Y cualquiera que dejare casas ó hermanos ó padres ó hijos por mi nombre, recibirá cien veces tanto y heredará la vida eterna.»

—¡Oh, qué cruz tan pesada, tan espantosa!—exclamó Gloria elevando sus brazos.

—Hija mía, no interpretes mal esto que no es imposición mía, sino simplemente exhortación y consejo—dijo Serafinita tomándole las manos y estrechándoselas con amor;—no creas que yo predico la desnaturalización, no. Pero á la altura de tu falta ha de estar tu purgatorio. Cuando necesitas cargar una cruz muy pesada para ser recibida arriba, no has de llevar una caña. Sacrificando niñerías, caprichos vanos y cosas de poco valor, no se gana la vida eterna. Es preciso arrancar del corazón la fibra más sensible, arrojar la joya de más precio, matar lo grande, lo querido y lo entrañable, meter la espada en lo más hondo, llorar mares de lágrimas, padecer, padecer mucho y siempre padecer. Esta es la clave del cristiano, amor mío. Ya sabes que en el día de hoy celebramos el augusto sacrificio de la víctima del Calvario, del divino cordero. Fija tu pensamiento en este ejemplo sublime, y considera que es necesario que nos crucifiquemos para parecernos á El y entrar en su reino.

—¡Crucificarme! ¿No lo estoy ya?—dijo Gloria extendiendo los brazos en cruz.

—Pero no basta crucificarte como mujer, sino como madre. Viviendo como vives, estás expuesta á mil peligros, y esa maternidad que tanto adoras es un lazo funesto que te une sin quererlo al autor de todas tus desdichas. Vivirás sujeta á horribles tentaciones. Ya sabes que Job lo ha dicho: «La vida del hombre sobre la tierra es una tentación.» Además, el que todo lo sabe ha dicho: «Si tu mano ó tu pié te fuere ocasión de pecar, córtalos y échalos de tí.»

—Es verdad, es verdad.

—Hija mía—añadió la señora besando con cariño á la atribulada joven,—mete la mano en tu corazón, tócalo y observa si el amor de ese niño y la llama infame á cuyo primer fuego debió la vida, no se confunden el uno con la otra.