—¡Cuántos baules!

—¿Grandes?

—Como hoy y mañana. Imagínate lo más rico, lo más variado en trajes, sombreros, adornos... ¡Jesús, y qué bendición de Dios!

—¿Los has visto tú?

—No, porque no los han abierto... es decir, han abierto un poquito; pero allí deben de venir maravillas. Y la señorita que la acompaña es también muy guapetona.

—Si pudiéramos verlas...—dijo Teresita levantándose con afanosa curiosidad.

—No me comprometas, Teresa. Ahora están encerrados la madre y el hijo en el cuarto de éste. Yo me acerqué y les oí.

—¿Qué decían, qué decían?

—Cosas... así... no sé cómo expresártelo, porque hablaban en alemán ó inglés... no sé. Bartolo dijo que le parecía inglés... Yo no entendía una palabra.

—¿Pero reñían?