XXVIII
Delirio. Fanatismo.

Durante breve pausa, la madre y el hijo se contemplaron.

—Pero ¿no me has dicho, no has resuelto...?—manifestó Esther llena de confusión.

—Usaré la palabra propia, aunque á primera vista me desfavorezca. Mi conversión es una impostura.

—Explícamelo bien, porque me vuelves loca.

—Mi conversión es una mentira... ¿no sabes lo que es una mentira?...

—Tú me lo has dicho.

—Es que determiné que este engaño no fuera de nadie conocido. Lo he revelado por escrito á mi padre. A tí te debo revelarlo también.