Gloria, arrojando la madreselva, oyó con toda su alma.
—¿Has observado—preguntó Su Ilustrísima deteniendo el paso,—si ese caballero...?
—¿El Sr. Morton?
—Justamente: si ha pronunciado alguna palabra referente á nuestra santa religión.
—Le he oído hablar de Dios, de... Aguarde usted.
—No es eso, tonta, de Dios hablan todos. ¡Cuán pocos le conocen! ¿Le has oído pronunciar alguna frase depresiva para nuestra santa religión?
—No, tío...
—Porque, verás; mi hermano y yo, lo mismo que Sedeño, hemos comprendido que ese hombre es protestante.
—¡Protestante!