Y se retiró.

El hebreo cayó en profunda meditación. Largo rato paseó por su cuarto. Cuando su criado quiso desnudarle, le dijo:

—Nos vamos á la calle, anda.


XV
¿A dónde va? ¿A dónde ha ido?

Teniendo llave de la puerta principal, podían entrar y salir cuando les acomodase, sin pedir permiso á los dueños de la casa. Eran más de las once y media cuando salieron. La noche, clara y bastante fría, era de luna llena; pero las muchas nubes que corrían viniendo del mar y en dirección á las montañas, la velaban á ratos, y cuando el astro quedaba descubierto, aparecía como arrastrado por los vaporosos brazos blanquecinos, cuya colosal gesticulación en los altos cielos imponía miedo á los que con ánimo triste vagaban á tal hora por la tierra.

—¿A dónde vamos esta noche, señor?—preguntó Sansón, que no podía ocultar la nostalgia del lecho.

—Ya lo veremos—repuso Morton sombríamente.

—¡Oh! Señor...—dijo el criado, marchando á la izquierda de su amo por la calle adelante.—Si yo me atreviera, diría al señor aquellas sentencias: «Quita, pues, el enojo de tu corazón y aparta el mal de tu carne, porque la mocedad y la juventud vanidad son... Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y hé aquí que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu...»