—No lo creo yo así.
—La Facultad sabrá lo que afirma. Si ese síntoma crece, llegará a un estado de imbecilidad... Lo dice Láinez... ¿Ha notado usted indicios de aplanamiento cerebral?
—Ninguno.
—¿Dificultad en coordinar las ideas, lentitud para expresarlas?...
—No señor...
—¿Habla usted con él a menudo?
—Muy poco.
—Pues conviene tantear esa inteligencia, presentándole temas difíciles por vía de ejercicio. Así se verá si hay vigor o flaqueza en sus facultades. Yo empleé este procedimiento no ha mucho con un primo mío, que dio en padecer disturbios de la mente, y el resultado fue desastroso.
—Pues en este caso, me figuro que será lisonjero. Haga usted la prueba.
—Que sí, que sí. Mándemele allá mañana.