—¿Ni chocolate?
—¡Oh! ¡golosinas de viejos! Señora, somos de la hornada moderna, de la Facultad de Derecho... Adiós, que es tarde. Descansar.
—Hasta cuando usted quiera, señor cura.
VI
Rezaron, cenaron. Al dar la señora la orden para los trabajos del día siguiente, dijo al buen don Nazario:
—Padre, mañana no va usted al monte, ni al prado, ni a la huerta, ni quiero que ande moviendo piedras, ni cortando troncos.
—¿Pues qué haré, señora?
—Mañana descansa el cuerpo, y trabajará usted con la inteligencia.
—¿Tengo que ir a San Agustín?
—No señor. ¡Buena le espera allá con las Summas...!