—Tampoco afirmo eso.
—Luego, usted no ha podido formar una opinión concreta.
—No señora, no he podido. Y, créame usted, ha sido para mí el tal Nazarín objeto de grandes confusiones.
—¿Cómo no me había hablado de eso, don Manuel?
—Porque no pensaba que tal asunto mereciera fijar la atención de la señora Condesa.
—¿Sabe usted que anda por ahí un libro que trata de Nazarín, en el cual se cuenta cómo salió a sus peregrinaciones, cómo encontró prosélitos, cómo realizó actos de verdadero heroísmo y de sublime caridad?
—He leído ese libro, que me regaló su autor, con una dedicatoria muy expresiva. Pero no me fío de lo que allí se cuenta, por ser obra más bien imaginativa que histórica. Los escritores del día, antes procuran deleitar con la fantasía que instruir con la verdad.
—¿Puedo yo leer ese libro?
—Seguramente. Pero sin olvidar que es novela.
—Entonces prefiero otra cosa.