—Mi primo Pepe Antonio de Urrea.
—Le encontré en el portal: él entraba, yo salía. Me han dicho que es hombre corregido.
—Así parece... ¡pobrecillo! Me ha conmovido contándome sus apuros para ganarse la vida con un rudo trabajo.
—Y seguramente le ha pedido a usted dinero para sus empresas.
—Sí...
—Y le ha hablado a usted de Nazarín.
—Exactamente.
—Pero no puedo encontrar la relación entre Nazarín y los conflictos pecuniarios del descendiente de los Urreas.
—Le he prometido estudiar su petición, y resolverla de acuerdo con usted.
—Lo menos le habrá pedido a usted dos o tres mil reales.