—Creo que sí.
—¿Habéis hecho por ella sacrificios, arrostrado peligros y vencido obstáculos?
—Muchísimos; pero son nada en comparación con lo que aún me resta por hacer.
—¿Qué?
—Una acción peligrosa, una locura; el último grado del atrevimiento. Espero morir o lograr mi objeto.
—¿Tenéis miedo a los peligros que os aguardan?
—Jamás lo he conocido —respondí con una fatuidad cuyo recuerdo me ha hecho reír muchas veces.
—Estad tranquilo, pues los aliados entrarán en Salamanca, y entonces fácilmente...
—Cuando entren los aliados, mi enemigo y su víctima habrán huido corriendo hacia Francia. Él no es tonto... Es preciso ir a Salamanca antes.
—¡Antes de tomarla! —exclamó con asombro.