—En Trafalgar —contesté.
Cuando esta histórica y grandiosa palabra resonó en la sala en medio del general silencio, todas las cabezas de las personas allí presentes se movieron como si perteneciesen a un solo cuerpo, y todos los ojos fijáronse en mí con vivísimo interés.
—¿Entonces ha sido usted marino? —interrogó el Duque.
—Asistí al combate teniendo catorce años de edad. Yo era amigo de un oficial que iba en el Trinidad. La pérdida de la tripulación me obligó a tomar parte en la batalla.
—¿Y cuándo empezó usted a servir en la campaña contra los franceses?
—El 2 de mayo de 1808, mi general. Los franceses me fusilaron en la Moncloa. Salveme milagrosamente; pero en mi cuerpo han quedado escritos los horrores de aquel tremendo día.
—¿Y desde entonces se alistó usted?
—Alisteme en los regimientos de voluntarios de Andalucía, y estuve en la batalla de Bailén.
—¡También en la batalla de Bailén! —dijo Wellington con asombro.
—Sí, mi general: el 19 de julio de 1808. ¿Quiere vuecencia ver mi hoja de servicios, que comienza en dicha fecha?