—Y allí hay una plaza...

—Un baluarte.

—Dos, cuatro, seis, ocho cañones nada menos. Esto da miedo.

—Juguetes... los buenos son aquellos cuatro, los del revellín.

—Y por aquí va un foso...

—Desde la puerta hasta los Milagros, bruto.

—¿Y detrás?... Jesús, María y José, ¡qué miedo!

—Detrás del parapeto están los morteros.

—Vamos ahora por aquel lado.

—¿Por San Cayetano?... ¡Oh!... Veo que eres curioso, curiosito... Saperlotte. Te advierto que si sigues haciendo tales preguntas y mirando con esos ojos de buey... me harás creer que ciertamente eres espía... y, a la verdad, amiguito, sospecho...