fieles testigos de su ardor bizarro!

Pero me fui reponiendo poco a poco, y la verdad es que no lo hice tan mal, aunque no corresponda a mi pluma el describirlo. Después entraban en escena Otelo y más tarde Edelmira. Nada puedo deciros de la perfección con que Isidoro dijo ante el senado, el modo y manera con que encendió la llama amorosa en el corazón de Edelmira; y en cuanto a esta, debo desde luego señalarla como consumada actriz, porque en la misma escena ante el senado, declamó con una sensibilidad que habría envidiado Rita Luna.

En el primer entreacto debían recitar versos Moratín, Arriaza y Vargas Ponce. El escenario se había llenado de personajes que deseaban felicitar a la triunfante Edelmira. Allí vi al diplomático, que no había desistido al parecer de hacer la corte a mi ama, pues corrió presuroso tras ella, diciéndole:

—Puede usted estar segura, adorada Pepita, que nuestra pasión quedará en secreto, pues ya se conoce mi reserva en estas delicadísimas materias.

Junto con él había subido al escenario D. Leandro Moratín, el cual era entonces un hombre como de cuarenta y cinco años, pálido y serio, de mediana estatura, dulce y apagada voz, con cierta expresión biliosa en su semblante, como hombre a quien entristece la hipocondría e inquieta el recelo. En sus conversaciones era siempre mucho menos festivo que en sus escritos; pero tenía semejanza con estos por la serenidad inalterable en las sátiras más crueles, por el comedimiento, el aticismo, cierta urbanidad solapada e irónica, y la estudiada llaneza de sus conceptos. Nadie le puede quitar la gloria de haber restaurado la comedia española, y El sí de las niñas, en cuyo estreno tuve, como he dicho, parte tan principal, me ha parecido siempre una de las obras más acabadas del ingenio. Como hombre, tiene en su abono la fidelidad que guardó al Príncipe de la Paz, cuando era moda hacer leña de este gran árbol caído. Verdad es que el poeta vivió y medró bastante a la sombra de aquel cuando estaba en pie y podía cubrir a muchos con sus frondosas ramas. Si mi opinión pudiera servir de algo, no vacilaría en poner a D. Leandro entre los primeros prosistas castellanos; pero su poesía me ha parecido siempre, exceptuando algunas composiciones ligeras, un artificioso tejido, o mejor, un clavazón de durísimos versos, a quienes no pueden dar flexibilidad y brillo todos los martillos de la retórica. Moratín además, en materia de principios literarios, tenía toda la ciencia de su época, que no era mucha; pero aun así, más le hubiera valido emplearla en componer mayor número de obras, que no en señalar con tanta insistencia las faltas de los demás. Murió en 1828, y en sus cartas y papeles no hay indicio de que conociera a Byron, a Goethe y Schiller, de modo que bajó al sepulcro creyendo que Goldoni era el primer poeta de su tiempo.

Pido mil perdones por esta digresión, y sigo contando. En el escenario leía Moratín el romance Cosas pretenden de mí, que hizo reír a los concurrentes, porque en él pintaba con mucha gracia la perplejidad en que le ponían sus amigos y sus detractores. El romance era a cada momento interrumpido con afectuosas palmadas, especialmente al llegar al pasaje en que está la conversación de los pedantes; ¿pero quién negará que en aquella composición Moratín no hace otra cosa que una apoteosis de su persona?

Dejemos al grande ingenio asfixiándose en el humo de los plácemes más lisonjeros, y sigamos la intriga del drama que iba a representarse entre bastidores, no menos patético que el comenzado sobre las tablas y ante el público.

XXIII

Al concluir el primer acto, y cuando aún no habían comenzado los poetas a recitar sus versos, sorprendí a Isidoro en conversación muy viva con Lesbia. Aunque hablaban en voz baja, me pareció oír en boca del actor algunas recriminaciones y preguntas del tono más enérgico, y creí advertir en el rostro de la dama cierta confusión o aturdimiento. Cuando se separaron, mi desgracia quiso que Lesbia encarase conmigo, interpelándome de este modo:

—¡Ah, Gabriel! Buena ocasión de hablarte a solas. Ya podrás figurarte para qué. He estado llena de inquietud desde que supe que había sido presa la persona...