—De mucho —dijo mi ama secando sus lágrimas—. Espero que tu ayuda será de la mayor eficacia.
—¿Y yo puedo contar contigo?
—¿Y me lo preguntas?
—Oye bien: Lesbia confía en tu amistad. ¿No ha celebrado en tu casa entrevista alguna con ese joven?
—Hasta ahora no.
—Pues la celebrará. Si ella no te lo propone, propónselo tú con buenos modos.
—¿Cuál es tu objeto?
—Sorprenderla en algún sitio con ese Mañara. Ella busca siempre las casas de las amigas que no son de su clase, para evitar de este modo la vigilancia de su familia y de su esposo.
—Entiendo.
—Confío en que no te dejarás sobornar por ella, y en que ante todas las consideraciones, será para ti la primera el servicio que me prestas, a mí, tu protector, tu amigo. Espero que te será muy fácil lo que propongo. Si van a tu casa, les entretienes allí, y me avisas. Yo haré de manera que ese joven se acuerde de mí para toda su vida.