—Perfectísimamente.
—Y observas, te enteras de cuanto hay alrededor tuyo... todo sin excitar sospechas.
—Estoy seguro de poseer todas esas cualidades.
—Pues lo primero que has de hacer cuando volvamos a Madrid, es ponerte al servicio de tu antigua ama.
—¿Cómo? ¿De mi antigua ama?
—Tonto, eso no quiere decir que dejes de servirme a mí. Al contrario, irás todas las noches a casa, donde nos veremos. Aunque no en apariencia, en realidad estarás siempre a mi servicio, y te recompensaré liberalmente.
—De modo que si sirvo a la cómica es...
—Es para evitar sospechas.
—¡Oh! ¡magnífico! sí, sí, ya comprendo. Así nadie podrá decir...
—Justo. Y en casa de tu ama observarás con muchísima atención lo que allí pasa, quién entra, quién sale, quién va por las noches, en fin todo...