JOAQUÍN.—Oye qué admirable estilo. (Lee.) «Los señores que se sientan en esos bancos...».

ISIDORA.—¡Por la Virgen Santísima!

JOAQUÍN.—Si esto es muy divertido. (Sigue leyendo.) «... no quieren acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la Comisión...».

ISIDORA.—(Arrebatando el papel de manos de Joaquín.) Si tú le estuvieras oyendo a todas horas...

JOAQUÍN.—Es un bruto que merecía el desprecio si no mereciera el presidio. Su discurso es el colmo de la sabiduría. Dice que en tiempo de papá eran mayores los escándalos y las irregularidades... Voy a contarte en dos palabras las gradas de Botín.

ISIDORA.—(Tristemente.) ¿Será tarde? (Hace un gorro con el periódico en que está el discurso de Botín.)

JOAQUÍN.—No, querida; es temprano.

ISIDORA.—Paréceme que entra poca luz, que anochece...

JOAQUÍN.—Es que se ha nublado.

ISIDORA.—Mira el reloj.