—¿La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito que me lleven y me traigan.

—¿Has ido al trabajo?

—Sí.

—¡Mentiroso!

—Mira—dijo Pecado abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.

—¿Quién te ha dado eso?

Gaitica.

—¿Gai...?

—Tica, tica. ¿No lo conoces? Es un caballero, un amigo mío.

—¿Y por qué te ha dado ese dinero?