—Porque me lo gané.
—¿Cómo?».
Mariano guardó las monedas para dejar desembarazada la mano, metió esta luego por una abertura de su pantalón y...
«¿Aquí no nos ve nadie?...—preguntó receloso mirando a las paredes y a la puerta.
—Nadie.
—Porque si me guipan...».
Y sacó del bolsillo un objeto cilíndrico, largo, como de media tercia, de dos pulgadas de diámetro. Era un canuto fuertemente liado con bramante.
«¿Qué es eso?
—Un petardo.
—¡Ah!, ¿eso que estalla?—exclamó Isidora con espanto—. ¡Y va a estallar aquí!...