—No, papá. Está buena.
—¡Ah!... Me figuré...»
El Marqués besó á su nieta.
«Gracias á Dios que se te ve por aquí,—dijo cariñosamente á León.
—He venido á despedirme de Pepa... y de usted.
—¿Viajas? Hombre, es lo mejor que puede hacer un cónyuge aburrido. ¿Hacia dónde vas?
—No lo sé todavía.
—¿Y sales?...
—Mañana.
—Si vas á París te daré un encargo. ¿No habrá tiempo mañana?... Pasaré por tu casa temprano... Yo me voy á mi cuarto: tengo jaqueca.»