—¿Separarte de tu hija?
—Ya ves que esto es más imposible todavía. Por todas partes á donde vuelvas los ojos no verás sino imposibles.
—Algún punto habrá—dijo León meditando,—á donde pueda mirarse sin ver la imposibilidad.
—Ese punto ¿cuál es?
—Lo sabrás á su tiempo. Antes de decírtelo, me será preciso hablar con tu padre, con tu marido mismo.
—¿Tú?
—Sí, yo... hablaré con él ó con sus tíos, personas honradas y respetables. ¿No concibes tú que esto se resuelva sin fuga y sin pleito?
—No lo concibo.
—Yo sí.