—Felicito á tu mamá; dale mil parabienes.
—La sátira que envuelven tus palabras es digna de quien no respeta el dolor de una desgraciada familia. Por mi parte nada he hecho en este asunto. Bien sabes tú que he llorado con lágrimas del corazón las distintas ignominias que han caído sobre mi familia por culpa de la inmoralidad de mi padre, de la mala cabeza de mamá, y de los vicios de Polito. Has sido el confidente de mi tristeza, cuando yo te creía formal y honrado. Ahora, cuando nos repelemos con invencible antipatía, sólo debo decirte que si es preciso, no llevaré un pedazo de pan á mi boca antes de que se haya devuelto hasta el último céntimo á quien no merece ser nuestro acreedor.
—Si lo dices por mí, sabe que no me acuerdo de tal cosa. Me honro y me creo suficientemente pagado con la ingratitud.
—¡Frase bonita!—indicó Gustavo con sarcasmo.—Lo que dije, dicho está... Ya no nos veremos más. Mi última palabra sea para declarar mi equivocación al anunciarte que morirías de rabia. No: no muere de rabia el que vive de cinismo... Ya, ya sé que está preparado el coche y dispuestas las maletas para esa dramática fuga, atropellando todos los respetos sociales y pisoteando las leyes. Bien, bien: eres consecuente. Buen viaje, pareja de Satanás...
—Tu penetración y el conocimiento que tienes de mis acciones me cautivan... Despidámonos, si te parece.
—Sí, yo lo deseo.
—Y yo lo suplico. Adiós.»
Poco después, mirando por entre las persianas, vió salir á la que había sido su familia. El Marqués, caduco y abatido, casi era llevado en brazos por un fornido poeta bíblico. La Marquesa, realmente traspasada de dolor, inspiraba lástima. Polito, con el cuello forrado en complejas bufandas, daba un brazo á la que había de ser su mujer, y con el otro agasajaba á una perra. La de San Salomó y la de Villa-Bojío conducían como en volandas á Milagros hasta el carruaje. Crujieron látigos, piafaron los caballos, y uno, dos, tres, cuatro coches rodaron por el parque llevándose aquella distinguida porción de la humanidad, que necesitaba de una pena reciente para ser respetable.