«Te lo mando así, porque te quiero con el corazón; te lo mando así, porque mi egoísmo no quiere destruir un hermoso sueño.
—Me someto,» dijo Pepa envolviendo su palabra en un gemido.
Sollozó sobre el pecho de su amigo. Después añadió:
«Pero fija un término, un término... Si me muero antes...»
La idea de un morir prematuro brillaba en su mente como una luz siniestra que de ningún modo quiere apagarse.
«Fijaré un término. Te lo juro.
—Y pasado ese término... Pasado ese término...—repitió León, cuyo pecho respiraba difícilmente entre el nudo de aquella soga ferozmente apretado por los demonios.
—Supón que Dios no quiera allanarnos el camino...
—Verás como lo allanará.