—¿Y si no lo allana?
—Verás como sí lo allana.
—Pero... ¿y si no?
—Verás como sí.
—Diciéndomelo tú de ese modo, no sé por qué lo creo—afirmó Pepa, acomodando mejor su cabeza sobre el pecho de su amigo, como la acomodamos en la almohada cuando empezamos á dormir.—Ahora, si quieres que me vaya contenta á mi casa, dime que me quieres mucho.»
Su pasión tomaba un tono pueril.
«¿No lo sabes?
—Que me querías hace tiempo.
—Que debí quererte desde que jugábamos cuando éramos niños, cuando nos pintábamos la cara con moras silvestres...—añadió León estrujando la cabeza de oro.
—¡Qué tiempos!—dijo Pepa sonriendo como un bienaventurado en la gloria.—¡Si pudiéramos hablar largamente de eso y recordarlo pasando los recuerdos de memoria á memoria y las palabras de boca á boca...! ¡Si nuestra vida fuese ahora verdadera vida, y no estos momentos pasajeros, estos saltos horribles!... ¡Si pudiéramos hablar, reir, recordar, pensar cosas, decir disparates, reñir de broma, adivinarnos las ideas y los deseos!...