«Desengáñese usted—dijo el diputado:—la corrupción es general; pero si los que tienen fe están en situación de enmienda probable, y, por consiguiente, en la posibilidad de salvarse, los racionalistas caminan á su completa ruína. Ellos han derribado el templo como Sansón, y como Sansón perecerán entre los escombros.»

La San Salomó y Gustavo hablaban en voz baja donde los demás no podían oirles.

«Es preciso, es indispensable—afirmaba ella,—decirle la verdad á María.

—¿La verdad?... No nos fiemos de apariencias. Yo no he formado aún juicio sobre la conducta de León. Mientras yo no le vea y le hable, nada diré á mi hermana.

—Pues se le dirá.

—Pues no se le dirá.»

Mostraba Pilar un empeño maligno, una impaciencia de mujer quisquillosa, de esas que creen carecer del aire respirable todo el tiempo que tardan en clavar su aguijón en el pecho de la amiga.

«Aseguro que se le dirá,—añadió mostrando las ventanillas de la nariz muy dilatadas, la mirada viva, demudado el color.

«En asuntos de mi familia, mi familia decidirá.

—¡Oh! también he decidido yo en asuntos de tu familia,—dijo Pilar dando al tu familia una entonación impertinente.