Una dama hablaba con María. Era la Marquesa de San Salomó.

«Queridísima—le dijo,—no quiero ser de las últimas en venir á llorar contigo.

—¿A rezar?

—A rezar y á llorar. Dios nos aflige con sus castigos. No te ví hoy en San Prudencio. El Padre Paoletti me dijo que te habías retirado temprano, y lo sentí. Quería yo consolarte como puede consolar una buena amiga.

—¡Consolarme!...—dijo María con aturdimiento.—¡Ah! sí, de mi abandono, de mi desaire... Hace tiempo que padezco en silencio, y el Señor, la verdad, no me ha negado dulcísimos consuelos. ¿Para qué estamos en el mundo sino para padecer? Hay que penetrarse bien de esta idea, para que cuando venga el dolor nos encuentre prevenidos.

—¡Oh!—exclamó Pilar con sincera admiración, dando un beso á su amiga.—¡Qué buena eres! ¡qué santa! ¡qué excepción tan admirable eres tú en nuestra sociedad, María! Debiera venir la gente aquí á darte culto, á rezarte como si estuvieras canonizada.

—¡Qué error, Pilar, qué error tan grande! ¿Y si yo te dijera que soy muy pecadora?

—¿Tú pecadora?... ¿tú?—observó la de San Salomó haciendo aspavientos cual si oyera una blasfemia.—Pues si tú eres pecadora, ¿qué soy yo? ¿quieres decírmelo? ¿Qué soy yo?»

Y se contestó á sí misma, no con palabras, sino con un grande y entrecortado suspiro, queja angustiosa de su conciencia, incapaz ya de poder resistir más peso.

«No me maravillo yo de que hubiera santos cuando las ocasiones de pecar eran escasas, cuando la mitad del género humano vivía dentro de conventos ó en feos páramos, y se veían á cada instante ejemplos que imitar; lo admiro ahora, cuando la libertad ha multiplicado los vicios, cuando todo el mundo hace lo que quiere, y encontramos rara vez casos ejemplares dignos de imitación. Por eso digo que tú debieras ser canonizada, porque dentro de Madrid, que es sin duda lo más perdido del universo, y en este siglo, que es, como dice Paoletti, la vergüenza del tiempo, has sabido despreciar el mundo tentador y has igualado á los santos penitentes, á los confesores... y también á los mártires.»