—Tampoco tienes derecho á hacerme preguntas.

—Niégame el derecho y contéstalas.»

León iba á decir: «pues bien: sí.» Pero hay casos en que la verdad es como el asesinato. Decirla es encanallarse. La contestación fué:

«Pues bien: no.

—Te conozco en la cara que has mentido,—dijo María incorporándose bruscamente.

—¡En mi cara!

—Tú no eres mentiroso... yo reconozco que nunca has mentido; pero ahora acabas de revelarme que has perdido aquella buena costumbre.»

León no replicó nada. María esperó un rato, y después dijo:

«Nada tengo que hacer aquí...»

León no pronunció una palabra, ni siquiera miró á su mujer.