Apoyándose en el tronco de un álamo, derramó muchas lágrimas.

Allí se quedó. Desde lejos la miramos, sentada al pie del árbol, vuelta la cara hacia la puerta del Depósito.

Después quisimos ver el lugar donde apareció el cadáver, y atravesando todo Madrid, fuimos al paseo de Santa Engracia, más arriba de la Fábrica de Tapices, donde hay unas casas modernas muy hermosas. Á la izquierda ábrese una calle en proyecto, cortísima, que sólo tiene un edificio á cada lado, y termina en terraplén, sobre un suelo mucho más bajo. Para llegar á éste, hay que descender un vertedero de tierra movediza. Aún había allí carros echando cascote y arena del vaciado de casas en construcción. Á la derecha, vense chozas construídas con adoquines gastados, tablas, planchas de calamina; detrás de ellas, montones de basura; y delante de algunas, corrales cercados por baldosas rotas, tablas y alambres sustraídos á las plazoletas municipales; cubiles de cerdos entre los montones de paja; bastantes gallinas picoteando aquí y allí. Todo aquello está en hondo, y debe quedar sepultado cuando los terraplenes iniciados por una parte y otra lleguen á unirse. En el centro de la hondonada corre un arroyo, por donde las aguas van á parar á la alcantarilla. Próximo al arroyo, y en la línea más avanzada de las tierras vertidas, encontraron el cuerpo. «Aquí estaba,» dijo el juez, señalando con el bastón una mancha obscura que podía ser de sangre. Los habitantes de las covachas dicen que sintieron un tiro á eso de las siete de la noche... Un muchacho asegura que vió venir á un hombre sin sombrero, por el vertedero abajo, y que hablaba solo.

«¿Y el sombrero no ha parecido?

—Pareció á la entrada de la calle, junto á la valla de la casa en construcción. Los vecinos no están de acuerdo en el número de tiros que sonaron. Algunos no oyeron más que uno; otro asegura haber oído dos, y no falta quien llegue á los tres y á los cuatro.

—¿Y atestiguan todos lo mismo?

—No: una muchacha habla de dos hombres, muy altos, muy negros, con unas barbas muy largas y los sombreros echados sobre la cara... sombreros de ala ancha.

—¿Y el arma?

—No hemos podido encontrarla todavía. El terreno es muy desigual, la tierra blanda y movediza. Puede muy bien haber sido ocultada por los escombros que se han vertido esta mañana.

—¿Se ha interrogado á los habitantes de las casas vecinas, en el paseo de Santa Engracia?