—¿Conque soy masón?
—Masón no —me respondió—. La masonería, propiamente dicha, no es revolucionaria, aunque el vulgo y los absolutistas llaman masones a los que conspiran. Ya te dije que esto no es una logia, sino una reunión; lo que en Francia llaman un club.
—¿De modo que no soy todavía masón, propiamente dicho? Pues bien: soy liberal.
XVIII
Y rompí a reír con más fuerza. La revolución individual se había consumado en mí. La segunda casaca, no menos ridícula a mis ojos que la ropilla encarnada de un bufón, pesaba sobre mis hombros.
—Una cosa no me ha gustado, Salvador —le dije cuando salimos a la calle—, y es que han tratado ustedes secretamente lo más importante de la reunión. ¿Por qué no había de cooperar yo con mis consejos a lo que se está tramando?
—¿Acabas de sentar plaza y ya pretendes ser general?
—Qué quieres... yo soy así... Pero ¿a dónde vamos ahora?
—A donde gustes. Yo tengo que salir para Andalucía al rayar el día, y quisiera tomar alguna cosa y descansar un poco.
—¡Ah!, eres tú el comisionado que va a Andalucía. Dicen que vendrá de allí eso que llaman la cosa. ¿Vas a llevarles dinero o instrucciones? Se me figura que de todo llevarás.