—La desgracia abre los ojos, y la desgracia en países que son una perpetua lección para el nuestro, es la mejor maestra que se conoce. Tengo fe inmensa en el éxito definitivo de mis ideas; tengo la creencia de que al fin y al cabo triunfarán, y serán tan comunes a todos como son hoy comunes la ignorancia y la ceguera.

—De modo que ahora...

—Ahora, si he de hablarte con franqueza, no creo yo que las ideas liberales sean bien comprendidas, ni menos bien practicadas.

—Es decir, que serán una calamidad.

—Hasta cierto punto, sí.

—Entonces los que las predican hacen mal, y los que tratan de establecer el sistema liberal, peor.

—No, porque alguna vez hemos de empezar.

—El pueblo necesita ser ilustrado para poder practicar la libertad.

—Y necesita practicar la libertad para ilustrarse. Parece que esto es un círculo vicioso; pero no lo es realmente. ¿Por dónde se empieza? Esta es la cuestión. Comprenderás que todas las cosas tienen su principio doloroso. El hombre antes de andar en dos pies, ha andado a gatas. Supongo que por evitarte los tropezones que acompañan a los primeros pasos, no desearás tú que el género humano ande siempre a cuatro pies.

—Ciertamente que no.