—Sí —repuso sombríamente Navarro.
Reinó por breve rato un silencio tal, que los dos parecían muertos.
—Sabes que yo la he defendido —añadió Baraona—, aunque al fin la fuerza de tus argumentos y la evidencia de ciertos síntomas, me han hecho dudar también, hasta que al fin...
Carlos miró al moribundo con terrible ansiedad.
—Hasta que al fin... —repitió el anciano haciendo un esfuerzo—. No puedo acusar terminantemente a mi adorada nieta; pero sí te diré que... al anochecer del sábado... vi a un hombre que se descolgaba al patio... por el balcón del cuarto de tu mujer.
—¡Un hombre!
—Solo los ladrones y los amantes salen de este modo de las casas. He dudado, he vacilado entre la revelación y el silencio... Creo ya que en conciencia debo decírtelo... ¡Averigua... indaga! Quién sabe... quizás sea inocente...
—¡Un hombre! —repitió Carlos ahogando un bramido.
—Un hombre vestido con el traje de la gente del pueblo... capa de grana, sombrero redondo... calzón negro... De su cara nada te puedo decir. Ya sabes que la puerta del patinillo estaba siempre abierta: desde entonces la cerré y guardé la llave... Bajó del balcón, apoyándose en la reja. Mi primera intención fue gritar y echarle mano; pero no quise dar escándalo ni comprometer la honra de Jenara hasta no hacer averiguaciones. Bien podía ser algún enredo de la criada... Carlos, con un pie en el sepulcro, te pido que no condenes a mi pobre nieta sin oírla. Ten prudencia, calma y tino, y no seas arrebatado ni ligero. Si Jenara es inocente, pídele en nombre mío perdón de esta sospecha. Si es culpable... ¡que Dios tenga misericordia de ella!... Ahora puedes llamarla. Me parece que ya me apago... ¡Dios sea conmigo! Quiero despedirme de todos. ¿Dónde están tus buenos amigos? Jenara, Carlos, venid todos.
Salió Navarro de la habitación. Bajo el fruncido ceño, sus negros ojos, despidiendo rayos, exploraban en la penumbra de la casa con feroz curiosidad. Pasó por el cuarto oscuro y miró hacia adentro. Monsalud no estaba allí. En el suelo se veían los pedazos de la cuerda, y el cuchillo con que acababan de ser cortados.