—Por mi parte, concluido —dijo Villela estirando el cuerpo, arqueando las cejas, sacudiendo los dedos y tirando de la punta del monumental pañuelo para sacarlo del bolsillo.
—Por mi parte, ni empezado siquiera —indiqué yo.
—Háblese de otra cosa —dijo el marqués de M***.
—Hablarán ustedes, porque yo me voy al Consejo —dijo Villela, después de sonarse con estrépito.
—¿Tan pronto?
—Pero no sin hacer al señor ministro una recomendación. A eso he venido.
Diciendo esto, Villela sacó un papelito.
—Veamos qué es ello.
—Lo primero que pido al señor Lozano de Torres, confiado en que lo hará, es una obra de justicia: es que ponga término a una iniquidad horrenda, a un atropello impropio de los tiempos que corren.
—¿Qué?