—¿Y cómo sabe usted que está en Madrid?

—Una señora paisana mía, que por desgracia le conoce muy bien, asegura haberle visto hace días.

—Soy familiar de la Inquisición —repitió gravemente don Buenaventura— y como tal tendría un gozo vivísimo en poder echar mano a un propagador del jacobinismo y de la herejía... ¡Ah, Pipaón, si tú quisieras ayudarme!... ¿Dices que le conociste en tu juventud?

—Somos paisanos.

—¿Y qué tal hombre es?

Me llevé el dedo a la frente para indicar ingenio.

—Sí: debe de ser listo... pero un tunante, ¿eh?...

—Sirvió al rey José.

—¡Afrancesado!

—¿Y respondes de que está en Madrid?