—Pero ¿qué es esto?
—Un admirable folleto que ha escrito en Londres Flórez Estrada. En él se pintan de mano maestra los males de la nación. Es obra que no tiene desperdicio: lo digo aunque no soy de los mejor tratados.
—Bien: se repartirá poco a poco.
—Todos los días te echas uno en el bolsillo...
—Entendido, entendido...
—Conque adiós. Veámonos con frecuencia para que me tengas al tanto de lo que haces y de lo que ves.
—Todos los días. Adiós, mi señor don Antonio —dije estrechando sus nobles manos.
—Me voy tranquilo. Ya sé que cuento con un auxiliar poderoso.
—Nosotros, ya se sabe... —afirmé abrazándole—, amigos hasta la muerte.
—Gracias, gracias. Adiós.