—No abro el libro una sola vez esta noche —dijo— sin que mis ojos encuentren alguna idea triste. Oiga usted:
Donde antes rosas y placer, ahora
Cadáveres y horror huella la planta,
Y en olor de sepulcro, en vez de rosas
El aire tiñe sus funestas alas.
—¿Qué poeta es ese?
—Cienfuegos.
—Un majadero. Siga usted mi consejo y mi ejemplo, Jenara. La mejor lectura es el Diario. Oiga usted: «El lunes fue ahorcado en Valencia...»
—Basta, basta —exclamó interrumpiéndome—. Es particular... me salen horcas y muertos por todas partes.
—Es usted a veces más valerosa que un águila, y a veces más tímida que un pajarillo. ¿La idea de la muerte de un hombre, de un malvado, le causa a usted tanto temor?