—¡Todos! De modo que en mi propia casa...
—Estoy yo más seguro que lo estuve esta noche en la mía —me contestó riendo—. No te alarmes por eso. Además, el mal es irreparable, porque si despides a tus criados y tomas otros, sucederá lo mismo... ¿Sabes que me encuentro bien aquí? Si me lo permites, descansaré un poco —añadió, acomodándose holgadamente en el canapé.
Volvió de nuevo el miedo a apoderarse de mí; pero yo había resuelto seguir la corriente a que me impulsaban mis nuevos propósitos y las ideas de mi amigo, y le hablé de este modo con amabilidad.
—Por supuesto, Salvador, la traición de mis criados es perfectamente inútil, porque has de saber que no solo soy incapaz de perseguirte, sino que te ocultaré y protegeré en caso de que otros te persigan.
—Vamos —dijo sonriendo amistosamente—, no me confundas más de lo que estoy. Di que eres mi amigo, di que conservas algo del afecto que hace años nos teníamos. Lo creeré, no solo porque mi corazón es crédulo en materias de amistad, sino porque has dado pruebas de ello hoy mismo intercediendo por mi madre, lo cual te agradezco en el alma. Dime eso, querido Juan; dime que eres leal y honrado y generoso conmigo; pero no me digas que no eres absolutista, porque me echaré a reír.
—Pues te lo repito. Vamos, me enojaré de veras si insistes en tal absurdo. Ven acá —añadí mostrando el paquete de folletos que me había dejado don Antonio Ugarte—. ¿Es absolutista el hombre que se ocupa en repartir estos papeles?
—¡El folleto de Flórez Estrada!
—He repartido ya más de cien. Asómbrate, Salvadorcillo: he hecho llegar este cuaderno a las manos de Su Majestad y de los infantes.
—Esto es algo —dijo con formalidad—; pero no es una prueba completa de ruptura con el absolutismo. Quizás tu entendimiento se incline a otras ideas; pero ya estás muy amoldado, Bragas, estás endurecido en la forma de los Lozano de Torres, de los Buenaventura, de los Eguía, de los Elío... Necesitarías que te derritieran y que de nuevo te fundiesen en otro crisol.
—Tonto —repliqué con brío—, ¿y quién te ha dicho que no me he puesto ya al fuego?