—Es posible.

—Pero no faltará un agujero. Madrid es muy grande, y la policía, en su previsión incomparable, no deja de simpatizar con las sociedades secretas. Felizmente ahora se han reunido fondos...

—La cosa —dijo el militar, dando a esta palabra (cosa) el sentido revolucionario que siempre tiene en vísperas de trastornos— vendrá esta vez de Andalucía.

—Sí; esta noche misma sale un comisionado para allá. El ejército de la Isla y las tropas que con motivo de la fiebre están acantonadas en las Cabezas de San Juan, serán las que nos saquen de penas.

—Conozco a algunos jefes —indiqué.

—Y yo a todos —dijo el militar.

—¿A Rafael del Riego?...

—De ese no puede esperarse gran cosa. Es un hombre que por milagro de Dios sabe leer y escribir.

—Mucho corazón.

—Regular nada más. En lengua sí le ganan poco. Es de los que más hablan y de los que menos hacen.