Doy cuenta de la agravación de mis males y del remedio que les aplico. — Gonzalo Torres.

I

Una mañana... ¡plaf! Raimundo. Caía sobre mí cuando menos le esperaba, y muy comúnmente cuando menos ganas tenía de oirle. Entró aquel día con cara risueña y un rollo de papeles en la mano. «Veremos por dónde la toma hoy —pensé—, aunque bien sé á dónde ha de ir á parar.» Díjome que estaba muy mejorado de su reblandecimiento; que las palabras se le salían de la boca fáciles y correctas, sin que la lengua tuviera que hacer contorsiones, y que se sentía dispuesto, ágil y con el entendimiento lleno de claridad y hasta de inspiración.

—Hombre, ¡cuánto me alegro! —exclamé echando ojeadas de inquietud al rollo de papeles—. ¿Y qué traes ahí? ¿Esa es la obra de que me hablaste? ¿Has hecho algo en Asturias?

—¡Ah! no... aquello fué una tontería... un drama, una idea nueva... Hice dos ó tres escenas; pero lo abandoné pronto. La cosa no salía. Después se me ocurrió esta gran obra.

Con sonrisa triunfal mostróme el rollo de papeles, que yo miré como se puede mirar el cañón de escopeta del cual ha de salir la bala que nos ha de herir.

—Algún dibujillo —indiqué deseando que acabase pronto, pues tenía que hacer—. Dispara, dispara de una vez.

Desenvolviendo lentamente el rollo, dijo:

A tí solo te lo enseño, porque no quiero que se divulgue la idea. Me la podrían robar. Es muy original. Figúrate: esto se llama Mapa moral gráfico de España; va acompañado de una Memoria, y su objeto es...

Cortó la frase para extender el papel sobre una mesa, sujetándolo por los bordes con objetos de peso. Ví muy bien dibujado el contorno de nuestra Península, con indicaciones de cordilleras, ríos y ciudades. Los nombres de éstas se hallaban encerrados dentro de círculos concéntricos de colores de muy diverso matiz.