—Sí: tengo muchos deseos de verle.

—Vamos á ver, con franqueza. ¿Qué tal me encuentras?

—Según lo que quieras decir. Distingo.

—Sin distinciones.

—Te encuentro muy francesa —repetí, faltando á la verdad por molestarla.

—¡Dale!... Me enfada eso más que si me dijeras una mala palabra. Si quieres decir la mala palabra, suéltala, ten valor, ponme la cara como un tomate; pero no me insultes con rodeos.

—Como quiera que sea, estás hermosísima —declaré, mostrándome más sensible á sus pruebas de cariño—. Las locuras que yo hice las hacen otros; mejor dicho, otros harán locuras más locas... ¡Qué dramas leo en tu cara, hija, y también tragedias, que ahora están en borrador! Te voy á llamar Madame Catastrophe. ¡Pobrecito del que...! En fin, hemos de ver horrores.

—¡Ah! tengo que contarte —dijo, tras una explosión de risa—: tengo que contarte... ¿Sabes que Pepito Trastamara está loco por mí y quiere casarse conmigo?

—Péscale, no seas tonta. Hazte cargo de que tienes por marido á un galguito ó á un King Charles. Serás duquesa, y libre como el aire. Pero la cuestión de cuartos creo que no anda bien en esa casa. La Peri está liquidando lo poco que resta. Mucho ojo, Eloísa.

—¿Ves? Sin querer te estás tomando interés por mí; me estás dando consejos —replicó con mucha monería—. Si no puedes, hombre, si no puedes desligarte de mí; si te intereso sin que lo eches de ver... ¿Conque no me conviene Pepito Trastamara...? ¿Y ser duquesa? Pepito heredará al marqués de Armada-Invencible: fíjate en esto.