—Hombre —repliqué algo desconcertado—, yo he hecho tonterías... pero no tantas...

—Has hecho más, más; y lo verás prácticamente, porque yo me he salvado y tú no.

—¿Qué quieres decir?

—Que yo, al verme en medio de la mar salada, ahogándome, he tropezado con una tabla y me he agarrado á ella, mientras que tú...

No comprendí al pronto qué tabla podía ser aquélla.

—No tengas cuidado ninguno por la hipoteca de las Mezquitillas. Dentro de unos meses te daré tu dinero, duro sobre duro...

—¡Ah, pillo!... te casas con alguna rica.

Echóse á reir y me dijo:

—Es un secreto. No me hagas preguntas.

—Y la otra, ¿lleva con paciencia tu esquinazo?