—No sé si dijo por mí aquello de A la puerta del rezador nunca eches tu trigo al sol.
—Ladrón y rapante tú; mas no nosotros, que de limosna vivimos.
—¿De limosna, eh? ¡Ah!, señor don Cepillo de Ánimas, qué bien dijo el que dijo: Reniego de sermón que acaba en daca.
—Yo he oído que tienes la cabeza a pájaros.
—A propósito de pájaros. Yo he oído que el abad y el gorrión dos malas aves son.
—Mira, Benigno —dijo Alelí cuando el tiroteo llegaba a este punto—, vete al mismo cuerno, y echa acá un cigarrillo.
Cordero alargó su petaca al fraile, diciéndole:
—A la paz de Dios. Viva mil años mi fraile.
—¿Cómo están hoy tus nenes? —preguntó Alelí encendiendo su cigarro—. Lo de Rafaelillo resultó indigestión como te dije, ¿no es verdad? Dale hojas de Sen y créeme.
—No solo de Sen, sino de Can y Jafet se las ha dado Cruz, que tiene en casa el herbolario más completo de Madrid.