—¿Y si no está? —indicó mi criada—. Porque es muy posible que con estas cosas...

—¿Qué cosas?

—Estas revoluciones, señora.

—Si no hay nada.

—Pues... como se han llevado al rey después de volverle loco... En el patio de la catedral decía uno que tendremos revolución mañana cuando se marche el gobierno, porque el gobierno se marchará.

—Déjalo ir: no nos hace falta. Date prisa.

—Pues yo creo que nos llevaremos otro chasco.

—Si no está en su casa, le esperaré.

—¿Y si no vuelve hasta muy tarde?

—¡Hasta muy tarde le esperaré!