Esto se llama proceder pronto y con energía... Pero observé a todos los que llegaban, y no le vi. A cada instante creía verle aparecer.

—No puede tardar —dije, después que di mis órdenes a Mariana—. Ahora sí que es mío.

Mariana hacía objeciones muy juiciosas; pero yo a nada atendía. Estaba ciega, loca.

—¿Y si no se embarca? —me dijo mi criada—. Todavía no ha venido...

—Pero ha de venir... A ver si está por ahí el duque del Parque.

Miramos las dos en todos los grupos, y no vimos al duque.

—¿El señor duque del Parque no va a Cádiz? —pregunté a Salvato.

—El señor duque no se ha atrevido a votar el destronamiento.

—¿Y qué?

—Que los que no votaron no se creen en peligro, y seguirán en Sevilla.