—Fácil no.
—Y para una dama...
—Pero yo no estoy sola. Tengo servidores leales que solo esperan una orden mía para...
—Para matar...
—No tanto —dije riendo—. Esto le parecerá a usted leyenda, novela, romance o lo que quiera; pero no, mis propósitos no son tan trágicos.
—Lo supongo... pero siempre serán interesantes... ¿Ha dejado usted criados en Sevilla?
—Uno tengo a mis órdenes. Le mandé por delante, y en Cádiz está ya.
—¿Vigilando...?
—Acechando.
—Bien: le seguirá de noche embozado hasta las cejas, espiará sus acciones, se informará de su método de vida. ¿Y ese criado es fiel?