—¡Ah! No me acordaba... Ya no me ocupo de eso.

—¿Abandona usted la empresa de detener y castigar a ese miserable?

—La abandono.

—¡Qué inconstancia!

—Yo soy así.

—Pero ese, ese otro... ¿interesa a usted tanto...?

—Muchísimo.

—¿Es pariente de usted?

—No. Es compañero de la infancia.

—¿Es militar?