—¿Cuándo la has visto?

—Hace cuatro meses.

—¿Y entonces estaba buena?

—Así, así...

—Y Sola, ¿estaba buena?

—Así, así. Las dos tan apesadumbradas, que daba pena verlas.

—¿Seguían viviendo en el Prado?

—No: volvieron a la calle de Coloreros... Comprendo tu ansiedad. Si no hubiera huido con la Regencia una persona que se toma interés por ti, que te nombra con frecuencia y que hace poco ha llegado de Madrid...

—¿Quién?

—Jenara.