—Parece una meningitis fulminante.
—¿Y qué es eso?
—Cualquier cosa.... ¡La muerte!
—¿Es posible que se muera una persona sin causa conocida, casi sin enfermedad?... ¿Señor Golfín, qué es esto?
—¿Lo sé yo acaso?
—¿No es usted médico?
—De los ojos, no de las pasiones.
—¡De las pasiones!—exclamó hablando con la moribunda—. Y a ti, pobre criatura, ¿qué pasiones te matan?
—Pregúntelo usted a su futuro esposo.
Florentina se quedó absorta, estupefacta.