—Calma, calma. Lo decidiremos despacio y sin reñir, ni llamarme desleal.
—¿Qué quiere usted decir con entrevistas amistosas?
—Una conferencia de amigos, una explicación...
Quedose meditabunda largo rato, y yo pendiente de su contestación, con el alma en los oídos.
—Bien, lo pensaré. Deme usted esta noche para pensarlo.
—¿Y mañana recibiré la contestación?
—Sí, mañana en este mismo sitio y a la misma hora.
Cuando esto decía, sentí un rumor extraño en lo interior de la casa.
—Mi hermano viene —dijo con zozobra—. Retírese usted al momento, al momento, y apriete el paso. ¡Oh! Ha sido una suerte que Gasparito esté malo y no pueda salir de noche.
—Dios le conserve el mal... Conque hasta mañana, ¿eh? Adiós, niña mía.