—Comprendo... La monarquía absoluta tiene inmensos gastos... Todo es poco para ella.
—También necesita atender a todo, señor mío —afirmó sentenciosamente.
—Por eso me congratulo en extremo —añadí humillando la frente— de contribuir con mis cortas fuerzas a este concierto admirable, sin que en la humilde sumisión mía haya el menor asomo de interés... pero ni el menor asomo de interés. Nada pido, señor duque.
Diciendo esto me levanté para marcharme.
—Usted no necesita pedir para obtener —añadió—. Tan grande es su mérito y la solicitud que manifiesta en el buen servicio del rey y del reino... ¿No se le antoja a usted nada en estos días?...
—No, nada... lo que es por ahora... —dije vagamente, como quien recuerda.
—¿Nada en que yo pueda servirle? —repitió levantándose también.
—Ahora recuerdo, señor duque... una bicoca... Tenía empeño en... Puesto que Vuecencia es tan bondadoso, voy a pedir dos favores, dos favorcillos nada más.
—¿Dos nada más?
—Dos. He oído hablar hace poco de una moratoria...