—No, no, no hay motivo para que te vayas. ¿Es que hiciste las paces con Quintina?
—¿Yo? ¡Qué disparate! Ayer Cabrera por poco me pega un tiro. Es un animal. Me iré á vivir á cualquier rincón.
—No, eso no. Puedes seguir aquí.
—Pues prométeme no hablar de esto una palabra más.
—Si yo no he hablado. Eres tú el que se lo dice todo. Que me quieres, que no me puedes querer. ¿Cómo se entiende?
—Y la última prueba de que te quiero y no te debo querer (con agudeza), te la voy á dar ahora con este consejo: vuelve los ojos á Ponce...
—Gracias.
—Vuelve los ojos al ínclito Ponce. Cásate con él. Ten espíritu práctico, ¿Que no le quieres? No importa.
—Tú estás loco (aturrulladísima). ¿Acaso he dicho yo que no le quería?
—Lo has dicho, sí.